miércoles, 14 de febrero de 2018

SÍMBOLO


Simónides llama a la pintura poesía silenciosa y a la poesía una pintura que habla, pues las acciones que el pintor muestra en trance de producirse, las palabras nos las relatan y las describen una vez producidas.’ (Plutarco sobre Simónides)

Me he hartado de escuchar la frase “il simbolo è la cosa che rimanda a qualcosa d'altro” (el símbolo es lo que se refiere a otra cosa). En efecto lo es, pero el símbolo realmente es comunicación, un pacto. Es comunicación por encima de todo a lo que pueda referenciar. Por lo tanto, el símbolo máximo es la palabra, concretamente las letras, la tipografía y los alfabetos.

Imaginemos que el símbolo fuese nuestra religión. Elevemos el simbolismo a categoría sagrada. El símbolo sería sagrado en el sentido de veneración, nunca de sumisión. Crearíamos un sistema de creencias y normas. Nuestra diferencia es que sería imposible definir entre la diversidad de fieles un dios, no tendríamos sagradas escrituras a pesar de que la comunicación y la palabra fuese el motor, no tendríamos un lugar para el culto, no sentiríamos congoja ni culpabilidad por no respetar nuestras normas, no nos preocuparía la muerte porque no sentiríamos coacción ni seríamos juzgados, de nuevo, porque no hay dios. Ni siquiera responderíamos ante la idea del símbolo, nos limitaríamos a crearlo, destruirlo y modificarlo. Somos nosotros los líderes y poseemos el símbolo. Pero sí tendríamos miedos, unos miedos perfectamente factibles: que el símbolo nos domine, que no seamos capaces de destruir algo que hemos construido.

Entonces viene la hierofanía.

He buscado explicaciones siguiendo la definición de Mircea Eliade en Trattato di storia della religione donde dice que el símbolo es lo relativo a la hierofanía.
No he sacado nada en claro ya que a pesar de su profundización y experiencia personal en la investigación por definir el símbolo, en definitiva es historiador religioso y su fin es conocer el aspecto ritual.
Podríamos identificar la creación de cada símbolo con la parte ritual de la religión que creamos, pero como no seguimos un orden de actuación permanente no lo consideraremos.
Aunque afirma algo interesante que sí se puede utilizar: existe un centro por encima de todo y en él reside lo sagrado.

Referenciando al concepto de Axis Mundi: en esta representación el eje del mundo, el centro, es la tierra, lo natural, y lo que se establece es una relación entre los tres mundos determinados (cielo, tierra e infierno).
Podemos relacionarlo con Eliade cuando dice que ‘las sociedades arcaicas y tradicionales conciben el mundo como un microcosmos’. Esto quiere decir que hay un motivo más allá de lo sagrado que es la comunicación.
Sin la comunicación y siguiendo la filosofía del Axis Mundi el individuo permanecería en un estado adánico donde no tendría cultura integrada por conectado que estuviese a otras realidades. Entre esa cultura se encuentra la capacidad de relación con otras esferas y sin ella no tendría lugar la comunicación.

El símbolo es la materialización del diálogo entre alma y cuerpo, ser material y ser intangible y al mismo tiempo con los demás seres que poseen cultura.

Ahora que hemos creado esta religión sin leyes dictadas y que se ha creado un culto a la cultura, valga la redundancia, surgen las preguntas más frecuentes: ¿qué consideramos por ser cultivado? Hoy en día que los símbolos están directamente relacionados con el capitalismo y el consumismo, si fundásemos esta religión, ¿acabarían dominándonos los productores de símbolos y se impondrían sobre los usuarios?, ¿por qué nos íbamos a dejar dominar si sin nosotros los símbolos no existirían?, ¿sería mejor una religión de culto a la tipografía y no al símbolo?

Se ha utilizado la palabra como símbolo y como expresión artística en muchos casos diferentes y todos son referentes para mi: Lawrence Weiner, Barbara Kruger, Liam Gillick, Anastasia Mastrakouli, Mirko Borsche… Su intención de sublimar la dialéctica es seductora para la supuesta religión basada en la comunicación. Esta sería la iconografía religiosa.

El objetivo es conseguir que resguardarnos en el desconocimiento y quedarnos ‘como estábamos’ nunca sea la mejor opción.

Fuente: Nacked silhouette alphabet. Anastasia Mastrakouli.


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