jueves, 8 de febrero de 2018

NECESIDAD . VIRTUD . OSCURIDAD

‘Eso que generalmente se llama bello no es más que una sublimación de la realidades de la vida, y así fue como nuestros antepasados, obligados a residir, lo quisieran o no, en viviendas oscuras, descubrieron un día lo bello en el seno de la sombra y no tardaron en utilizar la sombra para obtener efectos estéticos. Consideramos que lo que no se ve no existe. ….. Quien se obstinara en ver esa fealdad solo conseguiría destruir la belleza.’ Narra Tanizaki en ‘El elogio de la sombra’ (1933)

La primera vez que participé en una clase romana de forma involuntaria en la Università della Sapienza fue en el curso previo al semestre donde nos introducían al idioma italiano. Como cada vez que empiezas a aprender un idioma, era un nivel pésimo, aunque impartido por un profesor inusual que transgredía el formato de universitario. Eran los primeros días cuando él, que desconozco el motivo por el que ya se sabía mi nombre, me preguntó “Raquel, hai paura del buio?” yo sabía que paura era miedo, lo había interiorizado de alguna manera en los primeros días, pero relacioné buio con bullicio. Entonces mi respuesta fue un sí rotundo, sí tengo miedo al bullicio.
Me extrañó que me preguntase eso y debió verse reflejado en mi cara. Él me siguió mirando y al leer mi expresión me preguntó si sabía a lo que se estaba refiriendo. Yo, para no mantenerme en el lado de la ignoracia, le confesé que no.
Él me explicó que buio significaba miedo mediante unos juegos con sus brazos que simulaban meterse en una cueva y temblar. Añadió la palabra notte. Entonces lo entendí. Me estaba preguntando si tenía miedo a la oscuridad. Mi respuesta volvió a ser un sí rotundo.

Desde que tengo uso de razón la oscuridad ha sido un icono para mi. Un icono porque ha llegado a plantearse como una religión, la de los ‘miedicas’. Siempre se ha impuesto como algo perjudicial a lo que un niño de unos 8 años tiene sobreponerse. Sin embargo, si te lo imponen o la vida se lo propone puedes llegar a sufrir Nictofobia (miedo irracional a la noche y la oscuridad).

No creo que mi caso sea tan extremo ya que actualmente no tengo miedo a la noche aunque esto es algo que se puede llegar a desarrollar si sales de fiesta por ciertas zonas del cinturón sur de Madrid.
Las bajas probabilidades de que pase algo a altas horas de la noche, en la soledad de mi habitación no alivian mi pavor…

Una de las lecciones más importante de Tanizaki es la de hacer de la necesidad una virtud. Ver la oscuridad como claridad y belleza. Es difícil alcanzar ese estado de aclaración y en el camino la oscuridad también puede ser inseguridad, angustia moral y somática, pretexto, incertidumbre, perversión, folclore… También la oscuridad está en el amor con carácter onírico y en la comedia. O puede ser un valor tonal usado sin pretensión alguna.
Aunque hacer de la necesidad virtud es un concepto amplio sí se puede abordar.

La oscuridad también es perversión, es la noche. Es no poder identificar correctamente. No saber si lo que te rodea tiene una identidad o se limita a la natura. Es no saber si lo que probablemente tengas delante de tus ojos va a identificarte a ti o estáis condicionados por el mismo cataclismo. Cataclismo en caso de que vuestro objetivo sea reconoceros visualmente. Vosotros en el caso de que la cosa en cuestión “sea”.

Con la oscuridad frente a otro objeto los demás sentidos y la sinestesia cobran otro valor. Se subliman. Y sublimar es glorificar. Empezamos a dar valor a la seguridad que nos aporta un olor, la inmediatez del tacto sería esperanzadora, los sonidos nos gobernarían y los sabores podrían llegar a extinguirnos como especie.

Otra manifestación de la oscuridad es como pretexto ante la vida. En su poema Asidero en la oscuridad, Bukowski justifica no haber llevado a cabo actos que le hubieran negado la libertad que ahora le parece excesiva.

“Estoy ahí sentado
Borracho
Escuchando las
mismas sinfonías
que me dieron
la voluntad de seguir adelante
cuando tenía 22.

40 años después
ni ellas ni yo tenemos la misma magia
precisamente

deberían haberme
visto entonces
tan
esbelto
sin
barriga
era
todo nervio
demacrado
violento, fuerte,
loco.

Si me decías
una palabra
fuera de lugar
te partía el alma
allí mismo.

No quería que me
molestara
nada ni
nadie.

Parecía estar
siempre de camino a alguna
celda
tras haber sido trincado por
hacer algo
en la avenida
o sus inmediaciones.

Ahora estoy aquí sentado
borracho
soy
una serie de pequeñas victorias
y grandes victorias
y estoy tan
asombrado
como cualquier otro
de
haber llegado
desde allí
hasta
aquí
sin cometer ningún asesinato
ni haber sido
asesinado;
sin
haber dado con mis huesos en el manicomio.

Mientras esta noche
me bebo a solas otra vez
el alma a pesar de todo el sufrimiento
pretérito
gracias a todos los dioses
que no estuvieron
de mi parte entonces.”

Como hoy en día no estamos capacitados para hacer de nuestra necesidad de adaptación una virtud seguimos siendo enormemente perecederos. El hombre siempre quiere ver más. Necesita justificar su realidad y eso le cierra el espectro. No quiere ver donde “sí hay” con tal de no esforzarse por conocerlo. Sentiría la necesidad de clasificarlo sabiendo que quizás no es clasificable.
Desligar el concepto de negro del de oscuridad resulta casi imposible para el individuo, pero una de las acepciones igual de importante de la palabra es ‘estado sombrío y de pesadumbre que produce tristeza’. Algo oscuro no tiene que transmitir tristeza obligatoriamente pero sí, como símbolo, referenciar a lo oculto o velado.

En su obra Grande Cretto Alberto Burri, entre 1984 y 1989, construye un memorial en la antigua ciudad de Gibellina. Llegó al lugar en cuestión donde había tenido efecto un terremoto que había dejado sin casa a cientos de personas y había derruido la ciudad. Con los escombros decide crear un recuerdo sobre este hecho. Este acto es oscuro porque trata de ocultar un efecto natural. Establece un símbolo que ha sido varias veces reinterpretado, por ejemplo usándose para la campaña publicitaria de Bottega Veneta fall/winter 2016/2017, donde su sentido es puramente decorativo.
Toda la obra de Burri es acertada para esta cuestión ya que como definición “work with the given” es hacer de la necesidad virtud.

Si interpretamos la obra de The Gift de Joseph Kosuth, al margen de hablar sobre Wittgenstein, podemos relacionarla directamente con la conversión: “what you are regarding as a gift is a problem for you to solve”. Elimina todo romanticismo de la idea fantástica de trabajar con lo que nos viene dado, pero es bastante lógico.

El espacio es una composición de luz, pero sin luz ¿qué es el espacio? ¿es algo inútil? ¿es una nueva forma de vida? ¿somos extraterrestres en nuestro planeta? ¿deberíamos vivir a oscuras? Si ahora mismo el sol se apagase, seríamos capaces de adaptarnos y desarrollar una nueva mirada y visión del planeta. En la sociedad occidental, como explica Tanizaki, hay una relación directa luz-concentración en la que a mayor claridad mejor exponemos nuestras movidas.

En conclusión, nos estamos limitando por encima de nuestras posibilidades.



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