viernes, 23 de febrero de 2018

EMPUJÓN



Hoy mi amiga Laura ha dicho que ella no es una persona ‘echada para adelante’ y que eso condiciona su vida laboral y personal. Donde ella encuentra el mayor obstáculo es en su inclusión al mundo profesional, que hoy en día es tan inaccesible para los jóvenes recién salidos de la universidad como nosotros (y en definitiva para cualquiera).

Yo le he replicado que no hay gente ‘echada para adelante’, que todos nos enfrentamos a ciertas circunstancias y que es mediante nuestra toma de decisiones y nuestras acciones como decidimos seguir la onda de un suceso o quedarnos al margen pasivos y no responder de forma dinámica.

Este empujón que a veces nos venden como ‘salir de la zona de confort’ no creo que sea más que un infundio. No podemos mantenernos tan impasibles cuando nos dicen que nuestra forma de actuar es neutral o desinteresada cuando en nuestro día a día tenemos que cambiar nuestra forma de ser y proceder ante las cosas de mil formas distintas. Ya me resulta bastante difícil mantener una rutina llena de influjos externos casuales como para desmerecerla haciéndonos creer que estamos estancados en una ‘zona de confort’.

No estoy aquí para defender una vida sedentaria o monótona. Estoy viendo la parte positiva en la posibilidad de ampliar una ‘zona de confort’ sin tener que salir de ella (en caso de que le pusiésemos nombre a algo que no existe).

Y este cambio es el empujón. El empujón que nos inferimos a nosotros mismos o que nos viene inferido externamente.

El empujón está directamente relacionado con el espacio vital. El eterno no definido espacio vital.
Si hablo de la relación entre el espacio vital y el empujón diferencio una relación directa, que son las situaciones físicas y una relación indirecta, que es la intromisión mental, psicológica o intelectual.
Además, el espacio vital es visto de forma diferente en cada cultura. Incluso en cada postura política y vital. En lo personal también cambia según la identidad de la gente.

Cuando nacemos y nuestra madre da a luz se desencadenan unas etiquetas. Este es el protoempujón o empujón primitivo. El espacio vital físico es violado por motivos evidentes 'o naces o mueres'.
El espacio vital psicológico también es violado y mucho antes: cuando nuestra madre se hace la ecografía de la semana 20 de embarazo, que es ya un símbolo para determinar el sexo del bebé que está por venir. Por desgracia se convierte en un modo más de clasificación de la sociedad. Un modo más de restricción y opresión.
Es el génesis de los empujones que recibiremos el resto de nuestra vida.

Para mi es motivo de angustia moral que la ambigüedad sea aún a día de hoy motivo de acoso o burla. Cuento los días para que la globalización haga su trabajo y en la sociedad se normalice cualquier punto de vista. Con esto no quiero decir que ya nada deba sorprendernos, si no que veamos como algo positivo y enriquecedor para el ser humano que existan modos de vida diferentes a los propios.

Aún así hay muchos tipos de empujones que podríamos medir por repercusión personal, fuerza física, impacto colectivo…

En el metro como forma de invasión del espacio socialmente admitido: en Roma es una forma totalmente extendida para el acoso sexual. La policía hace caso omiso de ello porque no lo cometen personas de la talla de Harvey Weinstein. Parece haber un acuerdo silencioso asumido que pone a la persona al borde del trauma. Parece ser que debemos estar en alerta constante para no ser acosadas, a veces confiamos en que existe una ‘sociedad de crédito’, pero realmente nunca nos dan oportunidad para suponerlo porque voluntaria o involuntariamente tienen el objetivo de destruir la seguridad de las relaciones humanas entre desconocidos.

El empujón que te dan en el concierto de los Arctics Monkeys para robarte un chubasquero del que no sacarán ningún beneficio.

El empujón con rencor de una compañera cegada por la ambición del Haute Couture en clase de Vestuario escénico.

El empujón de Donald Trump al Primer ministro de Montenegro en el G20 de 2017.

Si violar significa romper un pacto de ley o promesa escrito o no escrito. Es decir, romper una confianza previamente establecida, la palabra, entonces también es una forma de violación.

Como ejemplo la canción ‘No me conoces’ de Juan Perro que dice ‘si tú a mi no me conoces ¿por qué vienes dando voces?’. Reaccionar con violencia, pasividad, agresividad… depende de la situación en la que se encuentra cada persona en un momento determinado. Y aclara que realmente es necesaria una confianza para establecer relaciones donde se va a poner encima de la mesa una dificultad vital.

Está claro que también se conserva la faceta positiva del empujón: conocer a una persona (empujón como impulso esperanzador con adrenalina), empujón sexual creador de vida (el espermatozoide llega al óvulo), empujón cuando damos un codazo a otra persona desplazándolo para hacerle saber que hay algo cerca de lo que debe percatarse (rompemos lo desconocido para informar de algo positivo o negativo)…
Pero como siempre en lo negativo encontramos trascendencia.

Y ahora me pregunto, ¿qué es el espacio vital realmente?, ¿qué importancia tiene en la vida de las personas?, ¿dónde está el límite entre salvar a alguien o atacar su espacio?, ¿el espacio vital es ese lugar donde tenemos que salvarnos a nosotros mismos?, ¿por qué en algunas situaciones vitales hemos asumido que no debe existir (transporte público, concierto…)?

Parece que siempre habrá un objetivo que supere el de mantener la propia seguridad e inviolabilidad. Quizá estemos siendo muy pretenciosos o ingenuos al pensar que podemos establecer una confianza con alguien que ‘solamente’ tiene en común con nosotros el estado natural de persona.

Qué crédulos.

Saute d'humeur, Laurence Demaison 2004





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