Hoy mi amiga Laura ha dicho que ella no es una persona ‘echada para adelante’ y
que eso condiciona su vida laboral y personal. Donde ella encuentra el mayor
obstáculo es en su inclusión al mundo profesional, que hoy en día es tan
inaccesible para los jóvenes recién salidos de la universidad como nosotros (y
en definitiva para cualquiera).
Yo le he replicado que no hay gente ‘echada para adelante’,
que todos nos enfrentamos a ciertas circunstancias y que es mediante nuestra
toma de decisiones y nuestras acciones como decidimos seguir la onda de un
suceso o quedarnos al margen pasivos y no responder de forma dinámica.
Este empujón que a veces nos venden como
‘salir de la zona de confort’ no creo que sea más que un infundio. No podemos
mantenernos tan impasibles cuando nos dicen que nuestra forma de actuar es
neutral o desinteresada cuando en nuestro día a día tenemos que cambiar nuestra
forma de ser y proceder ante las cosas de mil formas distintas. Ya me resulta
bastante difícil mantener una rutina llena de influjos externos casuales como
para desmerecerla haciéndonos creer que estamos estancados en una ‘zona de
confort’.
No estoy aquí para defender una vida
sedentaria o monótona. Estoy viendo la parte positiva en la posibilidad de
ampliar una ‘zona de confort’ sin tener que salir de ella (en caso de que le
pusiésemos nombre a algo que no existe).
Y este cambio es el empujón. El empujón
que nos inferimos a nosotros mismos o que nos viene inferido externamente.
El empujón está directamente relacionado
con el espacio vital. El eterno no definido espacio vital.
Si hablo de la relación entre el espacio
vital y el empujón diferencio una relación directa, que son las situaciones
físicas y una relación indirecta, que es la intromisión mental, psicológica o
intelectual.
Además, el espacio vital es visto de forma
diferente en cada cultura. Incluso en cada postura política y vital. En lo
personal también cambia según la identidad de la gente.
Cuando nacemos y nuestra madre da a luz se
desencadenan unas etiquetas. Este es el protoempujón o empujón
primitivo. El espacio vital físico es violado por motivos evidentes 'o
naces o mueres'.
El espacio vital psicológico también es violado y mucho antes: cuando nuestra madre se hace la ecografía de la semana 20 de embarazo, que es ya un símbolo para determinar el sexo del bebé que está por venir. Por desgracia se convierte en un modo más de clasificación de la sociedad. Un modo más de restricción y opresión.
El espacio vital psicológico también es violado y mucho antes: cuando nuestra madre se hace la ecografía de la semana 20 de embarazo, que es ya un símbolo para determinar el sexo del bebé que está por venir. Por desgracia se convierte en un modo más de clasificación de la sociedad. Un modo más de restricción y opresión.
Es el génesis de los empujones que
recibiremos el resto de nuestra vida.
Para mi es motivo de angustia moral que la
ambigüedad sea aún a día de hoy motivo de acoso o burla. Cuento los días para
que la globalización haga su trabajo y en la sociedad se normalice cualquier
punto de vista. Con esto no quiero decir que ya nada deba sorprendernos, si no
que veamos como algo positivo y enriquecedor para el ser humano que existan
modos de vida diferentes a los propios.
Aún así hay muchos tipos de empujones que
podríamos medir por repercusión personal, fuerza física, impacto colectivo…
En el metro como forma de invasión del
espacio socialmente admitido: en Roma es una forma totalmente extendida para el
acoso sexual. La policía hace caso omiso de ello porque no lo cometen personas
de la talla de Harvey Weinstein. Parece haber un acuerdo silencioso asumido que
pone a la persona al borde del trauma. Parece ser que debemos estar en alerta
constante para no ser acosadas, a veces confiamos en que existe una ‘sociedad
de crédito’, pero realmente nunca nos dan oportunidad para suponerlo porque
voluntaria o involuntariamente tienen el objetivo de destruir la seguridad de
las relaciones humanas entre desconocidos.
El empujón que te dan en el concierto de
los Arctics Monkeys para robarte un chubasquero del que no sacarán ningún
beneficio.
El empujón con rencor de una compañera
cegada por la ambición del Haute Couture en clase de Vestuario escénico.
El empujón de Donald Trump al
Primer ministro de Montenegro en el G20 de 2017.
Si violar significa romper un pacto de ley
o promesa escrito o no escrito. Es decir, romper una confianza previamente
establecida, la palabra, entonces también es una forma de violación.
Como ejemplo la canción ‘No me
conoces’ de Juan Perro que dice ‘si tú a mi no me
conoces ¿por qué vienes dando voces?’. Reaccionar con violencia, pasividad,
agresividad… depende de la situación en la que se encuentra cada persona en un
momento determinado. Y aclara que realmente es necesaria una confianza para
establecer relaciones donde se va a poner encima de la mesa una dificultad
vital.
Está claro que también se conserva la
faceta positiva del empujón: conocer a una persona (empujón como impulso
esperanzador con adrenalina), empujón sexual creador de vida (el espermatozoide
llega al óvulo), empujón cuando damos un codazo a otra persona desplazándolo
para hacerle saber que hay algo cerca de lo que debe percatarse (rompemos lo
desconocido para informar de algo positivo o negativo)…
Pero como siempre en lo negativo
encontramos trascendencia.
Y ahora me pregunto, ¿qué es el espacio
vital realmente?, ¿qué importancia tiene en la vida de las personas?, ¿dónde
está el límite entre salvar a alguien o atacar su espacio?, ¿el espacio vital
es ese lugar donde tenemos que salvarnos a nosotros mismos?, ¿por qué en
algunas situaciones vitales hemos asumido que no debe existir (transporte
público, concierto…)?
Parece que siempre habrá un objetivo que
supere el de mantener la propia seguridad e inviolabilidad. Quizá estemos
siendo muy pretenciosos o ingenuos al pensar que podemos establecer una
confianza con alguien que ‘solamente’ tiene en común con nosotros el
estado natural de persona.
Qué crédulos.
Saute d'humeur, Laurence Demaison 2004
